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Parto: Las Cosas No Salen Siempre Como Se Planean De Madre a Madre / Español / Languages
Gabriela Gallegos, Cambridge, Inglaterra
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Cuando supe que estaba embarazada, empecé a informarme de absolutamente todo lo que tuviera a mi alcance para lograr un embarazo “sencillo” y sano pero sobre todo, deseaba con toda mi alma un parto natural sin anestesia, ese era mi sueño.

Soy una mujer muy deportista, casi nunca me enfermo y por lo mismo no soy de tomar medicamentos, así que lo ideal y más natural para mí era tener un parto natural sin ningún medicamento. Durante los nueve meses de embarazo comí sanamente e hice mucho ejercicio dentro de lo posible, a los 8 meses aún seguía yendo a mis consultas en bicicleta. Fue un embarazo maravilloso y yo me sentía feliz lo cual se transmitía a la gente a mi alrededor. Incluso en la calle varias veces me llegaron a decir que me veía radiante y que el embarazo me sentaba muy bien.  Yo me sentía como en un sueño de lo bien que pasaron esos 9 meses.

El día 3 de junio, ya casi en la semana 40, tuve un pequeño sangrado, no me preocupe mucho pues había leído que podía ser el tapón mucuoso y a decir verdad me emocioné porque sabía que estaba cerca de conocer a mi bebito. Para la tarde el sangrado fue más consistente y por precaución, decidí ir al hospital para que me revisaran.  Llegamos a las 7 pm, mi madre me acompañó y después de la revisión y la ecografía nos dijeron que no había suficiente líquido amniótico y me preguntaron si había perdido las aguas o roto la bolsa, a lo cual respondí que no pues no había notado nada fuera de lo ordinario además del sangrado.  Monitorearon al bebé por 2h y para las 11pm decidieron que podía irme a casa a descansar pero que debía volver a la mañana siguiente para volver a hacer la revisión y el monitoreo debido a la perdida de líquido amniótico. A la mañana siguiente (4 de junio) volvimos al hospital.  Me hicieron de nuevo todo el chequeo y seguía perdiendo líquido amniótico por una fisura, pero esta vez ya tenía 1cm de dilatación. Nos dijeron que podíamos irnos a comer y aprovechar para caminar, y que volviéramos a las 4pm para volver a hacer todo el monitoreo de nuevo.  Al volver extrañamente ya tenía 2cm de dilatación así que me internaron para tenerme en observación por aquello de seguir perdiendo líquido y bueno, si comenzaba a dilatar empezar trabajo de parto. Para la noche, a pesar que nos habían llevado la cena, yo no pude probar bocado, empezaba a preocuparme. Pasamos la noche en el hospital y las contracciones empezaron, pero no eran muy frecuentes, había lapsos en que eran cada 7 min, luego cada 8 min, luego cada 5 min y así nos seguimos toda la noche y no dilataba lo suficiente. Las contracciones eran dolorosas pero soportables, pensaba que lo iba a lograr, mi parto natural.

A la mañana siguiente (5 de junio), nos dijeron que inducirían el parto. Que me pondrían oxcitocina y la epidural para que todo avanzara rápido y no tuviera dolor. Mi sueño de un parto sin medicamentos se había esfumado, pero acepté pues aún podíamos tener nuestro parto natural. Y el verdadero trabajo de parto comenzó. La epidural agarró solo de un lado, así que, aunque era bastante menos, yo seguía sintiendo dolor.  Cuando por fin dilaté a 10 cm y que las contracciones eran más frecuentes, se dieron cuenta que el bebé estaba “mirando” de lado contrario y que había que girarlo para que saliera más fácilmente. Al menos tres personas me metieron mano (es la manera natural de hacerlo) intentando voltearlo. Cuando por fin se pudo, empezamos a pujar. Yo ya estaba muy cansada, no habíamos dormido nada y yo seguía sintiendo dolor. Llamaron al anestesista para saber porque no estaba funcionando la anestesia y me puso otra dosis (la primera ya nos la habíamos terminado toda). Por más que pujé y pujé, el bebé no bajaba, incluso parecía que se regresaba. Mi esposo ya estaba muy preocupado, mi mamá aún más pues me empezó a dar fiebre, y la segunda dosis de anestesia me causaba una temblorina rara, como si tuviera mucho frío, pero no tenía frío, solo titiritaba. Llamaron al médico gineco-obstetra y me pidió pujar una vez más. Como no vio que se asomara el bebé, decidieron pasar a la cesárea de urgencia.  Mi esposo estaba muy enojado, como era posible que después de tanto tiempo decidieran hacer una cesárea, una de urgencia a la que él no podría entrar. Me pusieron otra anestesia para la cirugía, la que literalmente me noqueo porque ya no podía ni hablar ni abrir los ojos, aunque estaba consciente de todo lo que pasaba. En menos de 5 min sacaron al bebé (Ya era sábado del 6 de junio cuando nació a las 2:08 am) y no lo oí llorar, no sabía que pasaba y mis labios no reaccionaban para poder preguntar cómo estaba. Normalmente te muestran al bebé cuando lo sacan independientemente del tipo de parto, antes de llevarlo a limpiar y esas cosas. Pues no me lo mostraron, quería gritar que alguien me explicara que pasaba y no podía.  Me tuvieron un rato ahí supongo que limpiando y cerrando la herida hasta que me pasaron a recuperación. Después de unas horas, mi esposo pudo visitarme y llevo al bebé, estaba en una caja tipo incubadora, en donde metes las manos por unos orificios como con guantes. No lo pude tocar, muy apenas le pude decir unas palabras, pero al menos ya sabía que estaba bien.

Cuando por fin desperté y estuve consiente, ya estaba en la habitación. Mi esposo esperaba que despertara y mi mamá llegó al poco rato.  Unas horas después me llevaron a mi hijo y me preguntaron si deseaba amamantarle. Evidentemente que sí, fue mi respuesta e intenté amamantarle, pero no resultó lo natural que esperaba y aunque bebé logró alimentarse un poco, nuestra primera experiencia fue muy complicada.  El bebé aun estaba en una unidad de cuidados intensivos para monitorearle la respiración y el corazón. Pues al nacer tuvo problemas para respirar y tragó líquido amniótico con meconio.  Solo me lo llevaban un ratito para alimentarlo cada 3 hrs. Cuando me sentí mejor y pude caminar iba yo a verlo a la unidad de cuidados para alimentarlo y estar un ratito con él. Al segundo día, ya estaba mejor así que me dejaron tenerlo en mi cuarto.  Seguíamos con problemas al amamantar pues mis pezones eran demasiado pequeños y el bebé no lograba agarrarlo. Una enfermera me sugirió probar con pezonera y solo así logramos iniciar la lactancia.

Para agregarle un problema más a todo esto, para la cesárea me habían puesto una sonda y al quitarla me hicieron un poco de daño y no sentía cuando debía ir al baño y me hacía pipí por todos lados. Mi mamá me ayudaba a bañarme pues con la herida, que era un poco más grande de lo normal pues el bebé estaba casi a mitad de camino, no podía agacharme ni lavarme correctamente. Confieso que en esos primeros días hasta llegue hasta sentir un cierto rechazo por mi bebé. ¿Cómo era eso posible? ¿No una madre debe estar completamente enamorada de su bebé al nacer? Creo que lo consideraba responsable de estar en las condiciones en las que estaba, pues para cerrar con broche de oro, las piernas se me había hinchado como ogro de Shrek y dolía al caminar. Dios mío, era la peor madre del mundo, ¿Qué me estaba sucediendo?

Después de 5 días la leche por fin bajó y ambos, nos sentíamos mejor, solo nos quedaba esperar que el bebé ganara un poco de peso para que nos dejaran ir a casa.

Yo creo que jamás imaginé un parto así de complicado. Un inicio a la lactancia así de complicada. Estaba segura que estaba suficientemente preparada, que tendría un parto natural y sin dolor. En todo caso, me doy cuenta que no importa cómo se planeen las cosas, que uno no sabe que es lo que pueda pasar el día de mañana, quizás mi esposo lo cuente distinto pues lo vivió desde otra perspectiva, en todo caso yo así lo recuerdo y lo único en lo que puedo pensar es en agradecer que mi mamá estuviera ahí cerca, para apoyarme durante esa experiencia tan difícil.

Gaby_Seb_2Hoy cuento mi historia, pues una de las cosas que me hicieron seguir adelante y no caer en una depresión más aguda, fue leer los testimonios de otras madres que sentían lo mismo o que habían vivido cosas parecidas. Me acerqué a grupos de lactancia pues ahora que mi bebé tiene 17 meses, miro atrás y me doy cuenta que, si bien hoy disfruto mucho la lactancia, tuve días en que deseaba no seguir amamantando y recuperar mi libertad.  Por eso, yo admiro mucho a todas las madres, sea cual sea su historia. No es nada fácil pausar la vida para dar más vida.


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