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La Lactancia Es Amor Español / Historias de madres / Traducciones
Ana Romero Alonso, Cigales, España
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Soy madre de dos niños nacidos en 2007 y 2011. Os voy a contar mi experiencia como madre en la lactancia por un camino atípico, paralelo al del resto de madres que amamantan.

No pude dar leche materna a mis hijos. Para mí esto supuso la más triste derrota de mi vida. Un dolor inconmensurable y profundo. La leche humana es incomparable con ninguna otra que la pueda sustituir. Así lo siento yo.

Mi abuela amamantó a niños de orfanatos de postguerra. Mi madre tiene hermanos de leche que la consideran hermana suya. Ella a su vez dio lactancia a sus seis hijos, y mis hermanas han dado tetita a mis sobrinos incluso hasta los tres años.

No tuve leche

Pero a mí la vida no me concedió ese gran privilegio. Así que con mucho sufrimiento, decidí ofrecerles la otra gran nutrición que da la teta: el amor.

Di a mis niños biberón desde el principio pero junto a mi pecho desnudo.

Podían tocarlo, sentirlo, oler mi cuerpo. Y también chuparlo, claro que sí.

Han sentido en él el mismo refugio que cualquier bebé que se amamanta.

Ahora, con cuatro años, mi hijo aún lo busca, lo chupetea, y juega.

A ambos les sigue encantando la teta de mamá. Cada uno tiene la suya.

Porque al contrario que el resto de bebés, mis niños, al dejar el biberón, ¡se apegaron más a la tetita!

Vinculación afectiva y amor

Está claro que la lactancia es mucho más que leche…

Para mí ha sido un gran consuelo este modo de vivirlo, y pienso que a mis hijos les ha aportado muchísimo, sobre todo en los primeros meses, que aún mantienen mucho de la vida en el vientre materno. Dar un biberón alejado del calor del cuerpo de la madre y el latido de nuestro corazón, que les acompañó durante el embarazo, es alimentar a medias…

Os animo a todas las madres que os veáis en mi situación, a que probéis y veáis la magnífica respuesta de vuestros hijos, sobre todo al ir creciendo. Es vuestro cuerpo, pero también es un poco suyo. Vuestro bebé lo agradecerá.

Uno de los momentos más bonitos de mi maternidad fue cuando pregunté a mi hija: ¿A qué sabe la tetita? Y respondió: ¡A mamá, sabe a mamá!

Magnífico, ¿no?

 

 


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