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¿De verdad necesitas extraerte leche? Artículos / Español / Traducciones
Alice Allan, IBCLC, Addis Abeba, Etiopía
Traducido por Inma Mellado, Madrid, España
English Deutsch Français

estudia si son necesarios los sacaleches

Algunas madres no consiguen sentir la bajada de la leche cuando usan un sacaleches y producen sólo unas pocas gotas, cuando en realidad tienen una buena producción de leche.

Superventas

Las ventas de sacaleches se estiman en unos 5,5 millones de unidades en todo el mundo, Europa y América suponen el 78% del mercado mundial. De hecho, se prevé que las ventas de sacaleches eléctricos crezcan un 5%, de forma que sólo en Europa se venderán más de 674.000 unidades en este año. Aunque quienes compran algunos de estos sacaleches son madres con dificultades en sus lactancias, o madres que vuelven al trabajo tras su baja de maternidad, cada vez más nuevas madres, incluso embarazadas, compran un sacaleches como parte de la lista de cosas que comprar cuando va a llegar el bebé.

En los primeros días y semanas de sus lactancias sin problemas, las madres se están extrayendo leche. ¿Por qué?

Durante el embarazo

Muchas madres compran un sacaleches cuando están embarazadas. Un estudio realizado por Helene Johns en Australia descubrió que cerca del 50% de las madres de su grupo de estudio ya tenían un sacaleches en el momento del parto. ¿Debería sorprendernos? Las páginas web de maternidad y bebés venden los sacaleches como parte del equipamiento básico. Y claro, las madres primerizas quieren tener cubierta cualquier eventualidad.

Cuando estaba embarazada de mi primer bebé vivía en Japón y conocía muy pocas madres. Aunque tuve un embarazo normal, el hecho de estar dentro de un sistema de atención prenatal extremadamente medicalizado significó tener que pasar por muchos chequeos y por un examen vaginal en cada visita. El embarazo se trataba como si fuera una situación de peligro. No me extraña que desarrollase una completa falta de confianza en mi propio cuerpo. “Me gustaría dar el pecho, si puedo” pensaba, pero como madre primeriza sentía que no me habían puesto a prueba. ¿Funcionarían mis pechos o necesitarían algo de ayuda? Me compré un sacaleches manual “por si acaso”.

A las 37 semanas de gestación mis pechos habían crecido, pero eso no era suficiente para convencerme. ¿Y si no tengo suficiente leche? ¿Y si se quedan sin leche? El sacaleches era una especie de póliza de seguros, un talismán, y me hacía sentir más segura en mi viaje hacia lo desconocido. Hubiera sido mucho mejor contar con las sabias palabras de un grupo de madres experimentadas que me dijeran que todo iba a ir bien, que mi cuerpo sabría qué hacer. Mujeres como las que encuentras en un grupo de la Liga de La Leche.

Cuando nació mi hija se enganchó perfectamente y metí el sacaleches inútil en el armario. Pero no lo tiré a la basura, porque a pesar de que mi hija mamaba perfectamente, de que ganaba peso y de que podía disparar desde la otra punta de la habitación a mi marido en el ojo con un chorro de leche, no confiaba plenamente en mí. La confianza no llegó hasta el nacimiento de mi segundo bebé.

¿Cuánta leche?

Una madre del grupo de la Liga de La Leche que yo llevaba en Addis Abeba compartió conmigo lo siguiente:

“Cuando nació mi bebé, estaba amamantando bien, pero mi pediatra insistía en que me extrajera leche, de forma que él pudiera comprobar que el bebé recibía lo suficiente. Me dijo que me sacara 30 ml. Yo no quería. Yo sabía perfectamente que mi bebé estaba recibiendo lo suficiente. Pero mi marido se puso nervioso, él también quería comprobarlo. Así que me saqué 30 ml de leche sin ningún problema. Le dije al doctor, ‘¿qué hago ahora con la leche? Él me contestó ‘Ah, bueno, ahora su marido se la puede dar en biberón al bebé y así usted descansa.’ Le dije ‘¡De eso nada!, ¿Por qué introducir un biberón?’ Así que tiré la leche por el fregadero. Qué desperdicio. Aún le recuerdo a mi marido de vez en cuando, ‘Me debes 30 ml de leche, ¿sabes?, ¡aún no me has pagado por aquello!”

No es sólo que las madres sean obligadas a dar pruebas de su leche, sino que además se asume que han de compartir “la carga” de la lactancia.

El hecho de que los pechos no estén calibrados puede ser una fuente de gran ansiedad para las madres y padres primerizos y, desgraciadamente, para algunos profesionales de la salud. No obstante, puede haber problemas asociados a estas extracciones de prueba innecesarias o incluso a la alimentación del bebé con leche materna extraída en los primeros días de vida para madres a las que la lactancia les está yendo bien por otra parte. El estudio de Helene Johns y sus colegas mostraba cómo el uso de leche artificial y de leche materna extraída en el hospital en recién nacidos a término sanos estaba asociado con menor tasa de lactancia materna a los tres y seis meses. Ya sabemos por qué la suplementación con leche artificial puede ser perjudicial, pero ¿por qué tendría este efecto dar leche materna extraída?

Quizá la respuesta esté asociada con la confianza maternal, la relación del bebé con el pecho en una etapa clave del desarrollo cognitivo y un efecto cascada relacionado con resultados pobres a la hora de la extracción. Después de todo, algunas mujeres no consiguen desencadenar la bajada de la leche cuando utilizan un sacaleches y producen sólo unas pocas gotas, cuando en realidad tienen una buena producción de leche. No es sorprendente que no puedan conseguir extraerse más—un sacaleches no es un bebé. Es un trozo de plástico, a veces con un motor asociado. No huele como el heno recién segado ni hace ruidillos adorables. No desencadena la producción de un estupendo torrente de oxitocina (la hormona del amor). Y además, la oxitocina es conocida también como la “hormona tímida”. Con todo el mundo mirando y juzgando, ¿cómo se supone que puede hacer su trabajo esta hormona?

Otras madres pueden responder a la extracción y hacerlo bien en ese “examen” de maternidad. Para ellas, es tranquilizador ver la leche con sus propios ojos, sin embargo, aunque el test de la extracción pueda ser tentador, es en muchas ocasiones ineficaz a la hora de medir la producción de leche. Los profesionales de la salud a menudo lo recomiendan porque no tienen las habilidades necesarias, ni saben hacer las preguntas correctas para evaluar una relación de lactancia satisfactoria. La hoja de observación de la toma de UNICEF puede ayudar. En ella se hacen preguntas sobre el pis y la caca del bebé, sobre el dolor durante la toma y sobre si el bebé se suelta espontáneamente del pecho. Si las mujeres y los profesionales de la salud recibieran formación sobre cómo prestar atención a estos signos, se podrían evitar esas extracciones de prueba tan intrusivas.

Vínculo y biberones

Otra madre del grupo de Addis Abeba nos cuenta por qué se extrajo leche en los primeros días posparto:

“Mi marido tenía muchas ganas de alimentar a nuestra bebé. No veía la forma de vincularse con ella a no ser que le diera de comer. Me sentía culpable por no compartir la dicha de esos momentos. Me saqué leche para un biberón una mañana para que se lo diera esa tarde. Le di el pecho a las 7 de la tarde y me fui a la cama. A eso de las 9 de la noche me desperté con los pechos chorreando leche y oyendo a mi bebé llorar a gritos. Mi marido estaba meciéndola y paseando de arriba abajo por la cocina. ‘Le he dado la leche pero no se duerme’, me dijo. Ahora él sabe lo útil que es la lactancia, no es sólo nutrición sino también consuelo para ella. Ellos tienen un montón de maneras diferentes de vincularse.”

Las madres a menudo no saben de antemano cuán intensa será la necesidad de estar con sus bebés. Cómo dejar pasar tan solo una toma puede llegar a sentirse como una tortura. El instinto maternal con frecuencia apuntala los imperativos biológicos, que a menudo son muy sabios, si aprendemos a escucharlos.

Otros familiares, muchas veces bienintencionados, otras veces deseosos por establecer un vínculo con el bebé que creen estarse perdiendo, pueden obligar a la madre a extraerse. Pero la extracción a menudo lleva a situaciones en las que el pecho es estimulado en un momento del día, con lo que la producción recibe un empuje, seguidos de largos periodos, probablemente bastante incómodos, en los que no se amamanta, con el riesgo potencial de mastitis en el peor de los casos. Algunas madres sienten que cuando se extraen tienen sobreproducción. Otras madres que no amamantan a sus hijos durante la noche ponen en riesgo su producción de leche, ya que la prolactina, la hormona productora de leche, tiene sus picos más altos durante la noche. Un estudio español sugirió que la leche extraída durante el día puede no ayudar a los bebés a conciliar el sueño del mismo modo que lo hace la leche que se segrega durante la noche.

La síntesis de la leche

Las madres a menudo se confunden al pensar que han de esperar a que sus pechos estén llenos antes de extraerse leche. Sin embargo, las investigaciones sobre la síntesis de la leche del Profesor Hartman indican que este tipo de rutina de extracción lleva a un aumento del factor inhibidor de la lactancia (FIL) y una reducción de la producción de leche. El ritmo de producción de leche, cuán rápido fabrican leche las células secretoras, está relacionado con el grado de vaciamiento (o de llenado) de la mama. A medida que el pecho se llena, ciertos componentes presentes en la leche retenida (FIL, péptidos, ácidos grasos y otros componentes) envían señales a las células secretoras para que disminuyan la velocidad de síntesis.

La vuelta al trabajo

Otra razón muy común de la extracción temprana es la vuelta al trabajo de las madres y el miedo a que sus bebés no acepten el biberón. Piensan que cuanto antes introduzcan biberones de leche materna extraída, antes adquirirán sus bebés la flexibilidad necesaria para ser capaces de aceptar su ausencia en el futuro. Sin embargo, no se ha podido demostrar que la introducción de biberones de leche materna extraída en los primeros días o semanas haga más fácil la transición, de hecho pueden tener un efecto negativo para la regulación de la producción de leche y para las habilidades de succión del bebé. Es terrible que en algunos países, la baja de maternidad sea tan corta que ni siquiera permita un establecimiento adecuado de la lactancia.

Una conversación

Siempre me ha gustado la idea de que la lactancia es algo “conversacional”, una descripción utilizada en El Arte Femenino de Amamantar. Esta descripción traslada la lactancia desde una mera relación física nutritiva a una relación también comunicativa. Lactancia a demanda significa dar respuesta a las llamadas del bebé y por tanto a sus necesidades. El bebé siente que tiene algo que decir en el mundo, que hay alguien escuchándole justo en el momento en que decide expresar sus necesidades.

Todas esas tomas tienen como efecto el aumento de la producción de leche de la madre para situarla al nivel de las necesidades reales del bebé. Las tomas frecuentes pueden responder a un periodo de crecimiento, a un brote de calor o un periodo de estrés. Y los anticuerpos que provee una toma directa de pecho en lucha contra los gérmenes del entorno, gérmenes que puede que no estuvieran presentes cuando se extrajo la leche unas semanas antes.

Si alguna vez has amamantado a un bebé mayorcito seguro que recuerdas esas apasionadas “conversaciones” que tienen con el pecho. Recuerdo a mi hija, con su boca llena de leche, gritando de alegría, claramente conversando con él. A veces lo golpeaba con sus puñitos para hacer que la leche fluyera. A veces se partía de risa mientras mamaba, como si el pecho hubiera hecho un chiste. No sé si los bebés se comunican de un modo similar con sus biberones, pero sospecho que no.

La evidencia nos dice que la lactancia a demanda, a diferencia de las extracciones acordes con un patrón horario, tienen como resultado un desarrollo cognitivo más elevado entre los bebés. Las razones aún no se conocen, pero los autores de los estudios sugieren que “Es posible que los bebés alimentados siguiendo una rutina sean relativamente más pasivos con sus entorno: comer (sin duda el evento más importante en sus vidas) es algo que les dan hecho, más que algo desencadenado por sus acciones y deseos. Esto podría traducirse, más tarde en su vida, en un menor interés por aprender.”

Como madres lactantes y personas que apoyamos la lactancia, hemos de conocer el trastorno que pueden llegar a suponer esas extracciones tempranas en los sistemas naturales de equilibrio del cuerpo. Es hora de evitar esas interrupciones innecesarias en los primeros momentos de conversación en la lactancia.


Referencias

Daly, S. and Hartmann, P. Infant demand and milk supply. Part 1: Infant demand and milk production in lactating women. Journal of Human Lactation 1995; 11(1): 21–26.

Daly, S. and Hartmann, P. Infant demand and milk supply. Part 2: The short-term control of milk synthesis in lactating women. Journal of Human Lactation 1995; 11(1): 27–37.

Forster, D., Johns, H., Amir, L. et al. The MILC Study—Exploring the prevalence and outcomes associated with breast milk expression: A prospective cohort study. Women and Birth 2013; 26: S7.

Lacouvou, M. and Sevilla, A. Infant feeding: the effects of scheduled vs. on-demand feeding on mothers’ wellbeing and children’s cognitive development. European Journal of Public Health 2013; 23: 13–19.

Sánchez C., Cubero J., Sánchez J. et al. The possible role of human milk nucleotides as sleep inducers. Nutritional Neuroscience 2009; 12: 2–8.

Recursos

West, D. The Power of Hand Expression


Alice Allan trabajó como promotora de la lactancia maternal en el Reino Unido antes de mudarse a Addis Abeba, donde puso en marcha el primer grupo de la Liga de La Leche de Etiopía. Es también Consultora Certificada de Lactancia Materna (IBCLC), presentadora, escritora y experta en comunicación. Se mudará en breve a Asia Central.


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